Edipo, El hombre destinado al capricho del Destino
"El mayor dolor para los hombres es el de
saberlo todo y no poder nada”, decía Heródoto. Edipo dice al comienzo del
primer episodio: “…Mas no hay hombre capaz de forzar a los Dioses a hacer lo
que nos niegan”; en medio de la reyerta verbal entre Edipo y Creonte, este
último le dice: “Si tú crees que es un bien la terquedad que menosprecia al pensamiento,
no piensas bien” y por último Yocasta lanza de forma lapidaria lo siguiente:
“¿Qué sentido tiene el temor del ser humano? El destino lo domina y él no es
capaz de prever nada con certeza. Mejor es vivir a la ventura, como cada uno
pueda.”. ¿Podríamos, acaso, resumir en esas frases la desdicha final de Edipo?
¿Será que simplemente el hombre que busca implacablemente en nombre de la
verdad es víctima de antemano de su insistencia por conocer lo que, por
derecho, le corresponde saber?
De Edipo se podría decir, en primer lugar, que desde que nació ya estaba bajo la merced del azar. Desde su nacimiento la desdicha de la Moira yacía sobre su cabeza. El azar predomina en todos los acontecimientos que reinaron a lo largo de su vida, teniendo como punto de partida su abandono en el Citerón; solo por azar es encontrado y por humanidad salvado: salvado para su propia ruina. Es zarandeado entre dos polis cuando aún es un niño indefenso: primero su destierro de Tebas por causa de su maldición y posteriormente en Corinto, donde su maldición tomará un descanso momentáneo. Pero, ¿Qué podríamos decir acerca del Edipo ya crecido, aquél que ya tiene conciencia plena sobre sus actos? Aún de grande, Edipo sigue siendo victima de las circunstancias, del azar y por último de su desesperación e ignorancia: Primero el descubrimiento de que no es verdaderamente hijo de Pólibo Y Mérope. Esto ocasiona que huya hacia Delfos, en busca del oráculo, quien le dice que matará a su padre y se unirá a su madre. Edipo, horrorizado, huye. Ahora es que deberíamos hacer una detención: ¿No tendría más sentido que alguien de la inteligencia y valentía de Edipo se diera un tiempo para pensar con detenimiento? Es decir, si tiene el conocimiento de que Pólibo y Mérope no son sus padres reales, entonces: ¿Por qué huye de su lado, si al lado de ellos la profecía no se cumplirá? Aquí Edipo comete uno de sus primeros errores… Más no comete un mal voluntario alguno. Simplemente es acosado, incesantemente, por el designio que le fue otorgado, y de este primer entendimiento, no se podrá desembarazar por el resto de sus días.
Ahora, ¿Qué hay de los hechos cometidos por el
mismo Edipo después que huye de Delfos? Aquí podríamos decir que Edipo tiene
cualidades y falencias como cualquier otro ser humano: Así como es inteligente
y valiente, es también violento y orgulloso. Pero, ¿acaso esa información
acerca de su personalidad es suficiente como para poder juzgarlo con entereza y
dureza? Edipo es violento, es cierto: pero no buscó voluntariamente la muerte de
Layo. Éste lo confrontó en el camino con su aguijón y a Edipo no le quedó más
que responder con más violencia para defenderse del viejo beligerante. Edipo es
orgulloso: Después de vencer a la Esfinge, se da cuenta que posee una
inteligencia superior a la del promedio y podemos ver esa altivez cuando, ya
siendo rey de Tebas, tiene el encuentro con Creonte y, posteriormente, con
Tiresias. A éste último lo humilla y a
Creonte lo tiene por un insurgente mediocre. Pero, ¿Es acaso por iniciativa de
Edipo el comportarse de esa manera? Él solo se ve acorralado por algo que
parece inevitable: Testigos de antiguos azares, comienzan a encontrarse por
azar para testimoniar contra el mismo Edipo descubriendo, capa por capa, sus
nefastos orígenes. Pasando desde Tiresias hasta el pastor al que le fue
entregado Edipo cuando recién nació, (y que le hace la revelación final y
concluyente de su ineludible destino), podemos decir que sus obras, teniendo
como hecho principal el asesinato de Layo, son más sufridas que realizadas por
él. Los Oráculos, la esfinge, el adivino son a su vez símbolos de ese mundo
cerrado, lleno de restricciones y misterios: Edipo solo es rechazado por este
mundo, ese mundo que le debe una explicación. Edipo está solo en resumidas
cuentas: El abandono en el monte y su huída solitaria de Corinto son pruebas
fehacientes de esto; Edipo, Hijo de la fortuna, o mejor dicho, Hombre juguete
de ésta.
Podríamos concluir que Edipo es el prototipo
del hombre cualquiera que vence la tentación de la huída y que lucha y busca.
El hombre que, a pesar de estar enredado en las oscuras contradicciones del
mundo, no deja de buscar; aunque esto sea solo para comprender su propio
fracaso. Edipo es valiente: con tal de saber, aceptará la verdad que será su
entera ruina: “Estoy ante lo mas terrible de decir” le dice el siervo y Edipo
contesta: “Y yo de oír. Pero hay que oírlo, sin embargo”. Pero saber no aleja
la desgracia: mas bien la precipita. Edipo, para concluir, el que es víctima de
la enfermedad de la cual pretende salvar a los otros, con la mejor intención y
deseo; pero en su intento es forzado a pararse desnudo ante el espejo del
destino, el cual le dice “esto eres tú”, para que se descubra más inmundo que
cualquier otro mortal. Esta es la revelación más atroz para él, la desilusión
suprema: no depende de nadie más que de si mismo. (La soledad ante lo
inevitable).
“…No
juzguéis, pues, dichoso a otro mortal alguno que no haya aún contemplado aquél
último día en tanto no termine su vida sin dolor” pregona el Epílogo de Edipo
Rey. Edipo, el nacido para sufrir. El nacido de quien no debía, el que convivió
con quien no debía y a quien no debía, mató. Creonte le lanza al final la
siguiente frase: “No quieras que se haga todo lo que deseas, pues los deseos
que se te realizaron no te acompañaron en tu vida”. Edipo, si, culpable de
algo, ante la moral y la justicia: de desear saber más.

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