La educación en el Perú

Por: Santiago Cárdenas Malásquez

5:30 de la mañana, Arturo Pérez, estudiante de quinto de media de una de las unidades escolares más grandes del país, debe empezar a prepararse para ir al colegio.
Se viste, con el típico uniforme, camisa blanca y pantalón gris. Arregla su mochila, acomodando dentro los cuadernos de cada una de las materias que le tocan hoy.
Toma un frugal desayuno y sale.
Debe esperar a que pase el autobús que le deja cerca a su colegio.
Un bus repleto de otros escolares es el que debe tomar. Dentro, como todos los días, está el casi siempre ineducado cobrador, quien suele ser aquel que le empieza el estrés al estudiante.
Llega a las 6:30 am a su destino. Más compañeros se unen a él en una caravana masiva de adolescentes que van a ser “educados”...
Dentro del colegio le esperan sus amigos, la chica que le gusta, los matones, el profesor antipático, la profesora que le tiene bronca, y tal vez, esté por ahí ese maestro que para ponerte buenas notas, te pide dinero.

Faltan por mencionar muchos personajes más, habitantes que toda escuela, suele tener.

El común denominador del sistema educativo de nuestro país es lo negativo, todo lo que acompaña el estudio de nuestros hijos, no es como debería ser, tal como Arturo cuenta, “para poder sobrevivir al colegio, tiene que ser fuerte, influyente o simplemente esperas a que te llegue el turno”.

“Uno no va al colegio a simplemente estudiar, que suele ser lo último que se hace, sino que va sabiendo que hay muchas cosas más que un examen esperándote”, Nos decía un profesor del colegio de Arturo, “sexo, alcohol, drogas, violencia, son parte del trasfondo de nuestra unidad escolar”.

“Hace poco, una de nuestras alumnas salió embarazada”, nos seguía diciendo el profesor, quien ha preferido mantener su nombre en reserva, “aún no sabemos si el padre es alumno de éste colegio”.

Revisando la currícula escolar, nos encontramos con que los estudiantes solo hacen un poco más de la mitad de la misma, pero ¿por qué?, cada sección tiene por lo menos, treinta alumnos.

Treinta alumnos en una misma aula y un mismo profesor por materia.

Matemática básica es la que necesitamos para darnos cuenta de la razón por la cual, ningún escolar, termina el colegio sabiendo todo lo que debería saber (por lo cual, se ven obligados a asistir a una academia pre-universitaria, la cual solo termina de enseñar lo que el colegio no pudo).

Con treinta alumnos en cada aula, treinta alumnos por clase de las diversas materias, los profesores no pueden darse abasto para educar a todos, así tengan la mejor de las intenciones, con los exámenes, tareas que deben dejar y el sueldo mísero que les acompaña, además de que la gran mayorías de los alumnos, lamentablemente, vienen a hacer de todo menos estudiar (retrasando así a aquellos chicos que sí quieren hacerlo).

Arturo sale al recreo, ve a la chica que le gusta con otro muchacho. Termina el descanso.

Nuevamente al salón, pero está vez ya sin ganas de estudiar. Lo que le ocurrió en el tiempo de recreo va a afectar su desempeño escolar, y lamentablemente, de una manera indirecta la se sus compañeros.

Una imagen en cifras y datos.

En la prueba del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), tomada el 19 de agosto del 2009, el Perú obtiene 370 puntos en el área de lectura, y 369 en la de ciencias, siendo su punto más débil la de matemáticas, donde solo obtiene 365 puntos. Si bien esto constituye un avance respecto de los magros 327 puntos logrados en lectura el año 2000 (primera vez en la que el Perú participo en esta prueba), aún resulta muy insuficiente. Compárese dichos números con los de China-Shanghái (556, 575 y 600, respectivamente).
En materia de lectura, nuestro país registra los siguientes puntajes por rubros específicos: 364 en obtención de información, 371 en interpretación del texto, 368 en reflexión y valoración, 374 en textos continuos (narrativos, expositivos, descriptivos, argumentativos y preceptivos) y 356 en textos no continuos (cuadros y gráficos, tablas, diagramas, mapas, formularios y anuncios).

La prueba fue tomada a cerca de siete mil estudiantes de educación secundaria de 250 colegios públicos y privados del país

El programa evalúa cada tres años, con un examen estandarizado, el nivel académico (en materia de lectura, matemáticas y ciencias) de los estudiantes de 15 años, de educación secundaria, de los países de esta organización

La prueba PISA divide a los alumnos en niveles, según su rendimiento. En el 2000 solo el 0,1% de los alumnos peruanos que dieron la prueba se ubicó en el nivel 5, el máximo. En el 2009, ese índice aumentó a 0,4%. Pese a esa mejora, todavía más del 60% de los escolares están en los niveles 1 y -1. Hace nueve años los que ocupaban esos niveles representaban el 79,6% de los que participaron en la evaluación.

Nuestro puesto entre los 65 países participantes es el 63, sobre Azerbaiyán y Kirguistán.

Según el “The World Factbook” (publicación anual de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, con información básica tipo almanaque acerca de diversos países del mundo) el Perú es uno de los países que menos invierte su PBI en educación, ya que sólo usa el 2.70%, colocándonos en el puesto 143, de las 163 naciones incluidas. En el mundo, el Perú ocupa el puesto 132 en el ranking de alfabetismo (participan 214 países), con una tasa del 87.7% de personas no analfabetas.

Terminando el día.

1:30 pm, termina el turno matinal del colegio, Arturo y el resto de sus compañeros salen afuera de la escuela, saliendo unos a “patear latas”, jugar futbol, “hacer la hora” en los aledaños de la unidad escolar.

Vendedores de drogas, cigarrillos, proxenetas en caza de chicas que quieran “trabajo”, y muchas variantes más de delincuencia, rodean la salida de los escolares, los cuales, muchas veces suelen caer en estos juegos no tan juegos.

Arturo debe regresar a casa, cansado, molesto, deprimido, a seguir estudiando, llenando sus cuadernos de tareas, tareas que hace por cumplir, por un certificado escolar que, por el nivel educativo en el país, a la hora de la hora, no le va servir para nada.

Los padres de Arturo, del resto de alumnos, ¿dónde están?, la mayoría, respondiendo concretamente a la pregunta, están ausentes. De diversas maneras, pero ausentes.

¿El gobierno, el ministerio?, ausentes también. Así estamos todos respecto a la educación de nuestro país.

Y ahí se educa el futuro de la nación, años tras años, sumergidos en la mediocridad de la educación estatal (añadiendo también, que la privada no es ajena a esta problemática, ya que a veces, tienen esos problemas en mayor medida, no siempre, pero los tienen).

Arturo termina sus tareas, tiempo para él no le queda, debe esperar el fin de semana, debe irse a acostar, es tarde y mañana le toca un poco más de nada, de esa nada que rodea a nuestra sociedad.

Edipo, El hombre destinado al capricho del Destino

Por: Paulo César Cárdenas

"El mayor dolor para los hombres es el de saberlo todo y no poder nada”, decía Heródoto. Edipo dice al comienzo del primer episodio: “…Mas no hay hombre capaz de forzar a los Dioses a hacer lo que nos niegan”; en medio de la reyerta verbal entre Edipo y Creonte, este último le dice: “Si tú crees que es un bien la terquedad que menosprecia al pensamiento, no piensas bien” y por último Yocasta lanza de forma lapidaria lo siguiente: “¿Qué sentido tiene el temor del ser humano? El destino lo domina y él no es capaz de prever nada con certeza. Mejor es vivir a la ventura, como cada uno pueda.”. ¿Podríamos, acaso, resumir en esas frases la desdicha final de Edipo? ¿Será que simplemente el hombre que busca implacablemente en nombre de la verdad es víctima de antemano de su insistencia por conocer lo que, por derecho, le corresponde saber?

De Edipo se podría decir, en primer lugar, que desde que nació ya estaba bajo la merced del azar. Desde su nacimiento la desdicha de la Moira yacía sobre su cabeza. El azar predomina en todos los acontecimientos que reinaron a lo largo de su vida, teniendo como punto de partida su abandono en el Citerón; solo por azar es encontrado y por humanidad salvado: salvado para su propia ruina. Es zarandeado entre dos polis cuando aún es un niño indefenso: primero su destierro de Tebas por causa de su maldición y posteriormente en Corinto, donde su maldición tomará un descanso momentáneo. Pero, ¿Qué podríamos decir acerca del Edipo ya crecido, aquél que ya tiene conciencia plena sobre sus actos? Aún de grande, Edipo sigue siendo victima de las circunstancias, del azar y por último de su desesperación e ignorancia: Primero el descubrimiento de que no es verdaderamente hijo de Pólibo Y Mérope. Esto ocasiona que huya hacia Delfos, en busca del oráculo, quien le dice que matará a su padre y se unirá a su madre. Edipo, horrorizado, huye. Ahora es que deberíamos hacer una detención: ¿No tendría más sentido que alguien de la inteligencia y valentía de Edipo se diera un tiempo para pensar con detenimiento? Es decir, si tiene el conocimiento de que Pólibo y Mérope no son sus padres reales, entonces: ¿Por qué huye de su lado, si al lado de ellos la profecía no se cumplirá? Aquí Edipo comete uno de sus primeros errores… Más no comete un mal voluntario alguno. Simplemente es acosado, incesantemente, por el designio que le fue otorgado, y de este primer entendimiento, no se podrá desembarazar por el resto de sus días.

Ahora, ¿Qué hay de los hechos cometidos por el mismo Edipo después que huye de Delfos? Aquí podríamos decir que Edipo tiene cualidades y falencias como cualquier otro ser humano: Así como es inteligente y valiente, es también violento y orgulloso. Pero, ¿acaso esa información acerca de su personalidad es suficiente como para poder juzgarlo con entereza y dureza? Edipo es violento, es cierto: pero no buscó voluntariamente la muerte de Layo. Éste lo confrontó en el camino con su aguijón y a Edipo no le quedó más que responder con más violencia para defenderse del viejo beligerante. Edipo es orgulloso: Después de vencer a la Esfinge, se da cuenta que posee una inteligencia superior a la del promedio y podemos ver esa altivez cuando, ya siendo rey de Tebas, tiene el encuentro con Creonte y, posteriormente, con Tiresias. A éste último  lo humilla y a Creonte lo tiene por un insurgente mediocre. Pero, ¿Es acaso por iniciativa de Edipo el comportarse de esa manera? Él solo se ve acorralado por algo que parece inevitable: Testigos de antiguos azares, comienzan a encontrarse por azar para testimoniar contra el mismo Edipo descubriendo, capa por capa, sus nefastos orígenes. Pasando desde Tiresias hasta el pastor al que le fue entregado Edipo cuando recién nació, (y que le hace la revelación final y concluyente de su ineludible destino), podemos decir que sus obras, teniendo como hecho principal el asesinato de Layo, son más sufridas que realizadas por él. Los Oráculos, la esfinge, el adivino son a su vez símbolos de ese mundo cerrado, lleno de restricciones y misterios: Edipo solo es rechazado por este mundo, ese mundo que le debe una explicación. Edipo está solo en resumidas cuentas: El abandono en el monte y su huída solitaria de Corinto son pruebas fehacientes de esto; Edipo, Hijo de la fortuna, o mejor dicho, Hombre juguete de ésta.
Podríamos concluir que Edipo es el prototipo del hombre cualquiera que vence la tentación de la huída y que lucha y busca. El hombre que, a pesar de estar enredado en las oscuras contradicciones del mundo, no deja de buscar; aunque esto sea solo para comprender su propio fracaso. Edipo es valiente: con tal de saber, aceptará la verdad que será su entera ruina: “Estoy ante lo mas terrible de decir” le dice el siervo y Edipo contesta: “Y yo de oír. Pero hay que oírlo, sin embargo”. Pero saber no aleja la desgracia: mas bien la precipita. Edipo, para concluir, el que es víctima de la enfermedad de la cual pretende salvar a los otros, con la mejor intención y deseo; pero en su intento es forzado a pararse desnudo ante el espejo del destino, el cual le dice “esto eres tú”, para que se descubra más inmundo que cualquier otro mortal. Esta es la revelación más atroz para él, la desilusión suprema: no depende de nadie más que de si mismo. (La soledad ante lo inevitable).

 “…No juzguéis, pues, dichoso a otro mortal alguno que no haya aún contemplado aquél último día en tanto no termine su vida sin dolor” pregona el Epílogo de Edipo Rey. Edipo, el nacido para sufrir. El nacido de quien no debía, el que convivió con quien no debía y a quien no debía, mató. Creonte le lanza al final la siguiente frase: “No quieras que se haga todo lo que deseas, pues los deseos que se te realizaron no te acompañaron en tu vida”. Edipo, si, culpable de algo, ante la moral y la justicia: de desear saber más.

Lo que el Espectáculo se Llevó

Por: Bruno Nassi.

Hace poco les explicaba a mis alumnos del curso de Narrativa en Estudios Generales Letras de la PUCP, que una de las razones por las que leeríamos “La muerte en Venecia” (1912), de Thomas Mann (1875 – 1955), es porque, lamentablemente, ya no existen autores de la talla de este autor. Entonces, era importante que leyéramos una de las últimas joyas de la literatura universal. Y es que, en efecto, ya no hay más un Thomas Mann, ni un Faulkner, ni un Joyce, ni un Camus, ni un Malraux… y así podríamos seguir con la lista de mentes geniales que parecen haberse extinguido quizás para siempre.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿por qué esta desaparición masiva e intempestiva? ¿Acaso después de la segunda mitad del S.XX algún tipo de virus invadió el mundo impidiendo el nacimiento de nuevas mentes lúcidas y sensibles? La respuesta es que un virus propiamente dicho no, pero una enfermedad terminal sí: la civilización del espectáculo, como, parafraseando a Octavio Paz, califica Mario Vargas Llosa la decadencia cultural en la que vivimos en estos tiempos. Hoy ya las grandes preguntas que la cultura trataba de responder a través de sus manifestaciones artísticas más excelsas –no solo en la literatura, por supuesto, sino en el arte en general– no tienen la menor importancia por la sencilla razón que la vida misma se ha vuelto un gran absurdo.

En consecuencia, si el ser humano ha dejado de lado la ontología lo único que queda es la epidermis. En ese nivel superficial lo que reina es la risa; pero no la risa irónica o corrosiva, que es la creativa y hasta revolucionaria, sino la risa vulgar, hueca, fácil. ¿Y de dónde sale esta triste nueva risa? Pues evidentemente del espectáculo, de la farándula que, hoy por hoy, es sinónimo de cloaca. En este nuevo reino lo que realmente importa es encender el televisor o navegar en la web y ver qué novedades ofrece el mundo del espectáculo. Ya pasaron los tiempos en que la novedad –entendiendo novedad no como algo nuevo necesariamente, sino aquello que, aun con siglos de existencia, resultaba ser un descubrimiento para una mente en busca de alimento sano– se buscaba en alguna novela o en una obra de arte. Esas épocas son prehistoria.

En “Donde van a morir los elefantes” (1995), la última novela que publicó antes de morir el genial escritor chileno José Donoso (1924 – 1996), el ficticio escritor ecuatoriano Marcelo Chiriboga hace una reflexión muy ilustrativa de nuestros tiempos: “Porque, desgraciadamente, ya nadie lee a Julio Cortázar. Y muy pocos a Marcelo Chiriboga, al que dentro de cinco años absolutamente nadie leerá.” En efecto, ya nadie –o casi nadie, para no ser tan fatalistas– lee a mentes geniales como Cortázar o Borges. No los leen, evidentemente, porque no son parte de la civilización del espectáculo. Pero lo más triste es que no los leen también porque ya han dejado de surgir esas luminarias en el mundo y porque, claro, simplemente ya nadie lee.